Mona

 

Llegó hoy hace un mes, se fue hace menos de una semana y media.

Pasábamos por la carretera cuando de repente, vi a un cachorro caminando solo. Su color café lo hacía contrastar del gris polvoso del paisaje. Y en mi mente, si no el sol, iba a ser otro automóvil quien lo matara.

“¿Nos detenemos?”— Dijo la voz del volante.

Asentí y unos metros más adelante bajé del auto; corrí a donde había visto al pequeño que jugaba del lado de la acera con una bolsa. En cuanto me vio vino hacía mí; tan alegre, tan inocente, tan puro que aún ahora me salen lágrimas al recordar su reacción.

Una rápida inspección reveló que era en verdad una perrita; cuyo nombre se decidió en menos de veinte minutos: Mona.

Mona tenía una deshidratación como nunca había visto en perro alguno, el veterinario notó cierto problema respiratorio en ella, parásitos por doquier y posiblemente anemia. Mona recibió medicamento desde el primer día que llegó. Creí que el procedimiento sería como con la perrita anterior, Mei. Que vendrían dos o tres semanas de un estómago deshinchándose mientras sus costillas se ocultarían.

Pero no fue así.

Mona no reaccionó a los medicamentos, su estómago siempre fue un globo, sus costillas siempre estuvieron visibles.

Aún así, Mona fue, por dos semanas, un cuerpecito alegre aprendiendo a subir escaleras, pequeños ladridos que jugaban con su compañera perruna de casa, fui muy afín a ella desde el principio.

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Fue una alegría encapsulada en una perrita. Como una alegría extra al llegar a casa, al iniciar cada día. Una alegría que ahora hace llorar.

De papá heredé la idea de la felicidad chiquita (el primer sol de la mañana dando en la espalda mientras se disfruta un café) que ocurrió con Mona estando en casa:

Tomar un receso de la serie “Lenguaje de plantas” para comer algo fresco. Mei y Mona me ven sacar un pepino del refrigerador que corto en finas rodajas. “Osuwari” y Mona se sienta con ojos concentrados. “Osuwari, osuwari, ¡osuwari!” y finalmente Mei se sienta. Parto las rodajas en partes desiguales. La mayor para la gran Mei, la menor para Mona bebé. Intento que terminen de masticar al mismo tiempo, que no se repita la pelea por las galletas de ayer.

Balanceadas en grados celsius gracias al pepino, subimos al taller a paso de Mona que desde hace dos días comienza a subir la escalera por sí misma.

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Pero los episodios de felicidad chiquita terminaron al inicio de la tercera semana cuando Mona comenzó a aislarse, a tener problemas visibles en la respiración, a dejar de comer y tomar agua. Para esa ocasión el veterinario le envió el doble de medicina.

Al día siguiente Mona tiene aún mayores problemas para respirar , tiene alta temperatura y no puede levantarse. Visita urgente al veterinario, examen de orina, diagnostico: Moquillo.

Distemper:

O moquillo, enfermedad viral que afecta, entre otros, a animales de la familia Canidae siendo particularmente vulnerables a edad temprana y en la vejez. Se transmite por el aire y mediante el contacto con fluidos corporales infectados, incluyendo comida y agua contaminados. El periodo de incubación es de 14 a 18 días, aunque la fiebre puede presentarse de tres a seis días tras la infección. Las características patológicas típicas incluyen inmunosupresión, neumonía, encefalitis con desmielinización, etc.

Dada la dificultad de contrarrestar al virus, el esfuerzo debe dirigirse a paliar la sintomatología y brindar apoyo terapéutico para permitir que el animal desarrolle sus propias defensas.

Mona se queda internada dos días. Cuando regresa sólo quiere estar en el regazo de alguien. ¿Sería el dolor de cabeza? Se le receta una cantidad fuerte de medicamento para un cuerpo tan pequeño que se resiste a comer. Recuerdo: Ranitidina, Amoxol, Ribavirina, Metronidazol, Complejo B, Vitamina E.  Mona comienza a llorar y es necesario estar con ella todo el tiempo.

Mona dejó de ser ella para convertirse en enfermedad. Después de dos días, comienza a sólo tener calma al dormir y a sufrir de convulsiones.

Una noche, al entrar yo con el té por el que tomé un receso como enfermera, Mona se había atacado la cola, su cama estaba llena de sangre, para mí, la muerte comenzó a habitar a Mona desde ahí.  Visita urgente a veterinario. Collarín, más medicinas y la certeza de que la enfermedad estaba atacado al sistema nervioso. Ponerla a dormir aparece por primera vez como una propuesta del veterinario.

Esa noche se trató de encontrar la posición en que Mona pudiera dormir, su llanto aumentaba en intensidad, despertando por primera vez a Mei y al perro del vecino, tratando de morder manos, cola, cualquier cosa frente a ella. Hora de la medicina; pero sus mandíbulas estaban tan fuertemente cerradas que abrirlas implicaba lastimarla.

Visita urgente a un nuevo veterinario.

Mona no tenía fuerzas ni para sentarse y cada inhalación suya parecía tan complicada, se habían terminado las posiciones en las que no llorara y los tics ya no paraban. El veterinario no vio nada que hacer por ella más que dejarla ir.

Un cuerpo recién muerto se ve muy similar a uno vivo. Aún está caliente, es flexible, puedes abrir y cerrar sus ojos.

Sólo le falta la respiración.

Seguro papá también parecía un vivo al que solo le falta la respiración, seguro podías abrir y cerrar sus ojos emulando su voluntad.

Mona, la perrita a quien no pudimos salvar.

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Mañana cotidiana, antes de que Mona enfermara

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